Como en años anteriores, se confeccionó el programa de actividades del grupo para el año 2007. En esta ocasión, en la sección de Alpinismo y Escalada, se programó una ascensión al Picu Urriellu, Cara Sur. Los interesados que carecíamos de experiencia en escalada y descenso en rápel tendríamos que realizar unas clases de iniciación impartidas por la sección de escalada del grupo en la Escuela de Escalada de Quirós. Poco a poco un nutrido grupo de interesados, todos ellos novatos, nos inscribimos para las clases de iniciación, con la esperanza de alcanzar la cima del Urriellu. Luís, el padre de esta idea, al ver la masiva respuesta quedó conmovido, sorprendido, estupefacto… por decirlo de forma dulce. Pero, como todo buen padre, con esfuerzo, ánimo y bravura, con la ayuda de Juanjo, conducen al nutrido grupo de novatos a la Escuela en Quirós, durante 2 días. Pernoctamos en el refugio del Llano, de la Federación.
Comienzan las clases: El sábado bien temprano nos acercamos a las vías de escalada. Primera Lección: Al escuchar el grito de "PIEDRA" nunca mirar hacia arriba. El grupo, observando la pared, el material de escalada, y escuchando las instrucciones oportunas, palidece. En las primeras ascensiones las piernas tiemblan, las gargantas se secan pero el ánimo no flaquea, se va avanzando hacia vías más dificultosas, hasta que la llegada de la tarde nos hace bajar de la piedra. Entre risas y euforia nos dirigimos al refugio donde cada uno contará su experiencia en una larga sobremesa después de una buena cena. Luego a dormir, si la subida de adrenalina lo permite. Llega el domingo, y después de un abundante desayuno, nuevamente nos dirigimos a las vías. Ahora ya sabemos lo que es un Arnés y un Ocho (casi expertos, dominamos el argot alpinista). Obedientes y temerosos nos vamos "grapando" a las paredes, practicamos la reunión y descendemos rapelando. Llega el examen final, solo una prueba: Todos oímos gritar: ·PIEDRA! Suspenso general. Si la piedra hubiera caído de verdad, tendría un montón de caras donde aterrizar. Finalizan las clases. El nutrido grupo de novatos, ahora es un grupo contento, expectante, satisfecho. Pero seguimos siendo novatos. El padre, orgulloso y preocupado: No se ha "rajao" ninguno y somos muchos para una ascensión al Urriellu.
Relajándonos con unas cervezas al final del día, se decide dar alguna clase más antes del "gran día". Con la imposibilidad de reunir a todo el grupo en un mismo fin de semana, estas prácticas no se repiten. Pero aquel fin de semana dio pie a que entre los componentes del grupo, fuéramos contactando para quedar algún día y hacer nuestros "pinitos".
Llegó el Gran Día. Por motivos ajenos al grupo, solo 9 de sus componentes pueden realizar ese día la ascensión. Luís estará respaldado por sus dos colegas: Rafa y Luís Emilio.
La idea inicial era dormir el viernes en el refugio de la Vega de Urriellu, pero al no tener plazas para todos, se decide pernoctar en la Tenerosa. Tras una cena a la luz de los frontales y contemplar las estrellas que anunciaban un día espléndido, nos fuimos a dormir entre preocupación y anhelo, esperando poder conciliar el sueño y mantener fuerzas y valor para el día siguiente.
Nos levantamos aún en noche cerrada, nos esperaba una larga caminata hasta la base del Picu. Entre risas, que se perfilaban nerviosas, desayunamos. Frontal encendido y material de escalada a cuestas, en fila india, comenzamos la aproximación. Llegando a la Canal de La Celada ya había amanecido. Disfrutamos de la vista de la piedra con la luz de las primeras horas. Cada vez más cerca de la base, vamos viendo las distintas vías. Alguno asustado se pregunta ¿Cuál será la nuestra? intentando adivinar dónde está ese primer largo de 15 metros que dicen es lo más difícil, en esta gran mole de piedra.
Las cordadas más madrugadoras ya colgaban en la pared, otras aguardaban su turno delante de nosotros. No sabemos el tiempo que tuvimos de espera a pie de Picu para comenzar el gateo. Se pasaba el momento de decidir si subíamos ó encontrábamos una disculpa aceptable para dar la vuelta. El tiempo era espléndido y por mucho que mirábamos hacia arriba no aparecía ninguna nube disuasoria. Todos los comentarios eran fiel reflejo de nuestro ánimo: chistes macabros, humor negro...
Por fin llega nuestro turno, las cordadas están organizadas. Tres cordadas, formadas cada una de ellas por 4 personas: 3 novatos y de primeros de cada cordada Luís, Rafa y José Emilio (3 valerosos, resignados y altruistas escaladores). Comenzamos a subir expectantes. El paso complicado lo encontramos antes de la primera reunión, a poca altura del suelo, lo superamos con las instrucciones de los primeros de cada cordada. El susto: la caída de piedras (demasiadas cordadas delante de las nuestras) que silbaban y alguna incluso llegó a bufar. El famoso paso de la bailarina, bailándolo cada uno a su ritmo. A partir de aquí las dificultades técnicas disminuyen, y aumenta la distancia entre nuestros pies y suelo horizontal. El patio inferior impresiona. Ahora recordamos todas aquellas reseñas oídas acerca de la subida: los momentos en los que estas sólo con la piedra, los tubos de órgano, los buenísimos agarres en alguno de los tramos y por fin el Anfiteatro. Sentados, esperamos que llegue la 3ª cordada. Todos sonrientes para caminar juntos hasta la cima de nuestro emblemático PICU, con el máximo cuidado para no tirar piedras. Felices, llegamos a la cima. Lo habíamos conseguido. Pero como bien nos recordó uno de los componentes:
“UN PICO SE CONSIGUE CUANDO HAS LLEGADO ABAJO”.
Una vez contempladas las impresionantes vistas, disfrutar del sol y descanso, reponer algo de fuerzas y plasmar nuestra aventura a través de las cámaras, nos dispusimos a descender. De nuevo atravesamos el anfiteatro con máximo cuidado y llegamos a la reunión en la que empezaríamos el primer rapel. Una vez más tuvimos que esperar nuestro turno: otras cordadas rapelaban delante. Descendimos parando en dos reuniones, donde coincidíamos con alguna otra cordada que subía y hacíamos un poco de vida social. Uno tras otro fuimos alcanzando el suelo, el color volvía a nuestras mejillas y un gran suspiro de alivio salió de las bocas de Luís, Rafa y José Emilio. Cuando descalzamos los pies de gato, nosotros agradecimos quitar la opresión de nuestros pies, ellos agradecieron quitar la opresión del pecho: TODO HABÍA SALIDO BIEN.
Sedientos, nos acercamos al refugio de La Vega de Urriellu, donde celebramos nuestra pequeña aventura y agradecidos decidimos quedar con nuestros primeros de cada cordada para una cena.
Todavía teníamos que bajar con las mochilas hasta los coches y vuelta a casa.
A los pocos días nos reuníamos para cenar todos juntos como habíamos acordado. Si el día de la ascensión disfrutamos subiendo, este día cenando más tranquilos, disfrutamos recordando y compartiendo con los demás nuestra vivencia. Nos despedimos con la sensación de haber compartido una gran experiencia y es que como dijo Luís el primer día de las prácticas:
"NO HAY NADA QUE UNA MÁS QUE UNA CUERDA"
Grupo Montaña Ensidesa Avilés - Avda. Marqués de Suances, 4 y 6 - 33401 Avilés - Asturias
Teléfono y fax 985 541 877
E-mail gmensidesaviles
gmail.com | Desarrollado por Mnemonic Works